Safari en el Masai Mara

A veces no es tan obvio estar en un país del África Subsahariana y hacer un safari principalmente porque son caros. Sí, lamentablemente son muy costosos: normalmente las entradas a los parques nacionales pueden costar hasta 10 veces más que a un local y no es como que puedas hacer trekking adentro porque hay animales salvajes sueltos, por lo tanto, debes contratar un guía o bien arrendar un auto todo terreno y hacerlo por tu cuenta. Así que por unos pocos días puedes gastarte varios cientos de dólares.

Sabiendo todo esto, creo que a pesar de lo costoso es una oportunidad única en la vida el poder ser testigos de cómo los animales se desenvuelven en sus hábitats naturales, no verlos enjaulados es simplemente priceless y sí es posible hacerla un poquito más barata, por ejemplo, alojar en tiendas de campaña en vez de elegir hoteles o lodges dentro de las reservas o ir por el día (saliendo muy temprano, antes de que salga el sol) y alojar fuera de las mismas.

Yo tuve mucha suerte porque he realizado cuatro safaris y creo que nunca me he gastado más de 20 dólares en cada uno:

  • El primer safari que hice -y el más aburrido- fue en Botswana el 2010 cuando me robaron en el hostal y el dueño, en forma de pago, me regaló un safari de dos días por el Okavango Delta. El río es muy lindo y pudimos ver varios hipopótamos a la distancia pero el guía parecía no saber bien hacia dónde nos estaba llevando o en dónde tener el mejor avistamiento de animales, por lo tanto, no fue un safari que haya disfrutado mucho.
  • Mi segundo safari fue en el Kruger Park en Sudáfrica cuando visitamos por unos días a los voluntarios que se encontraban allá para conocer mejor los proyectos en los que se encontraban cada uno. Eso fue justo antes de irnos a Kenia por un año con la Andi; los voluntarios se encontraban en una localidad a unos 45 minutos en auto de la reserva nacional y se consiguieron una camioneta con unos amigos para hacer el safari sin tener que contratar un guía. Fuimos por el día y, como ellos estaban con una visa especial para voluntarios, pagamos como locales. En total creo que no gastamos más de 20 dólares cada uno entre bencina, comida y entradas. Sobre la experiencia: un león nos amenazó y un elefante furioso que cuidaba a su manada casi aplasta la camioneta en la que íbamos los 5.
  • Mi tercer safari fue en el Masai Mara, Kenia. El año que estuvimos como voluntarias, nuestra amiga Saskia tenía a una conocida, Tabatha, que estaba llevando a cabo un estudio sobre el comportamiento de elefantes dentro y fuera de la reserva, por lo tanto, tenía libre acceso al parque. Nos invitó a su casa que quedaba a unos 30 minutos en auto del Masai Mara y entramos al parque como sus asistentes así que no pagamos nada. Sí la ayudamos en el camino a identificar heces de elefante para su investigación (nosotras gritábamos desde el capó del auto “elephant poop!!!”). No gastamos más de 10 dólares en total cada una porque viajamos desde Kisumu al pueblo de Tabatha, en transporte público y estando en su casa nos alimentaron y dieron alojamiento gratis.
  • Mi cuarto safari fue el más lujoso de todos y probablemente el que recuerdo con más cariño: mis papás fueron a Kenia a verme y, obviamente, a conocer algunas de las mejores zonas del país además de ir a Kisumu a conocer el proyecto y la ciudad en la que me encontraba viviendo. Me invitaron a un safari de cuatro días en el Masai Mara donde alojamos dentro de la misma reserva en unos lodges completamente equipados; el alojamiento incluía desayuno, almuerzo y cena buffet (un lujo para mi que llevaba más de 5 meses viviendo sin baño ni comidas elaboradas) además de contratar a un guía turístico que hablaba español (entre otros 7 u 8 idiomas). Lo positivo de hacer safari con guía es que conocen mucho mejor las tierras y las rutas que tienen determinados animales dependiendo de la época del año, de ese modo, puedes aprovechar mejor el tiempo y ver más animales que los que verías yendo por tu cuenta en un auto arrendado. Por ejemplo, nosotros logramos ver a cuatro de los Big 5 de África, el único que no pudimos encontrar fue el Rinoceronte Negro. Por otro lado, la ventaja de tener un guía es que en caso de accidente o que tu auto se quede atrapado en el barro, este está mejor entrenado para saber qué hacer y sobre todo cómo reaccionar en caso de encontrarse con un animal salvaje (muchos turistas han muerto en ruta por mera inexperiencia).

Como les dije antes, hacerla un poco más barata es posible y si tienes el dinero para pagar por un buen guía, mejor aún. Al final cuando viajamos estamos invirtiendo en recuerdos y experiencias que van a durar para toda la vida entonces, ¿para qué ser tacaño cuando ese mismo dinero probablemente te lo vas a gastar en ropa o accesorios que no vas a necesitar?

Bajo el sonido de “Dreams”, los dejo con esa pequeña reflexión hasta el próximo post.

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