Toronto versus Montreal: una pincelada

A mediados de julio estuve en Montreal, llevé a mi hermana para que tuviera algo de francés en su viaje y conociera un poco más aparte de Toronto. Las dos nos quedamos con la segunda a pesar de lo linda que es la primera.

Ahora les voy a contar mi experiencia, es probable que muchos estén en desacuerdo conmigo pero las experiencias son precisamente eso: un punto de vista muy personal.

Montreal es como una ciudad europea o al menos eso me han dicho mis amigos viajeros que han estado en Europa y también en la ciudad canadiense. Yo no he ido al continente viejo todavía pero podría contarles que la vibra es bien diferente a la de Toronto. La gente es nice pero no tanto, son más reservados y no tan hiperventilados como los torontianos, a veces me daba la impresión de que si no les hablabas en francés se molestaban un poco. Es más, en vano intenté pedir algunas cosas en su idioma pero al final no les entendía nada porque me respondían rápidamente y encima en franchute.

Lo que me gustó mucho de Montreal es el casco antiguo con sus pequeñas callecitas de adoquines, los edificios antiguos muy bien mantenidos, el mercado y la excelente comida en prácticamente cualquier restaurant. Uno de mis favoritos es un lugar al que fuimos todos los días a tomar desayuno, estaba cerca de nuestro Airbnb así que nos quedaba como anillo al dedo: se llama Dame Tartine, recomiendo especialmente el desayuno The Florentine: huevos benedictinos con champiñones en pan integral, acompañados con espinacas y frutas. Los meseros son muy simpáticos y la atención siempre rápida, cosa que no ocurrió en los demás restoranes a los que fuimos en Montreal donde siempre me dio la impresión de que los meseros estaban malhumorados.

Otro lugar imperdible en Montreal, sobre todo si quieres caminar harto (que es lo que hago en todos mis viajes) es ir al Mont Royal y hacer la caminata desde donde empieza hasta la cumbre desde donde puedes ver la ciudad. La caminata es de aproximadamente 2 horas y en un día de primavera es perfecta.

Y, por último, el mercado Jean-Talon donde almorzamos unos deliciosos crepes de salmón ahumado en el La Crêperie du Marché y, posteriormente, nos deleitamos con unos arándanos orgánicos que nos fuimos comiendo en el camino de vuelta.

Qué extrañé de Toronto: La gente. Me agradan los torontianos porque son conversadores y a una que le gusta conversar es perfecto, puedes estar en el pasillo de un supermercado tratando de elegir algún producto y se te va a acercar una señora con experiencia para darte un consejo y de pronto te encuentras hablando de tu vida y conociendo la suya al mismo tiempo, que llegó a Toronto desde Grecia hace 25 años siguiendo el amor. O estás en el bus y de pronto se sube una chica con un perro de lo más cute y te pones a conversar de los cuidados de todos los perros en Toronto (son muy estrictos en cuanto a la tenencia de mascotas) y de pronto te cuenta de su vida y dónde recogió a su linda mascota que apenas tiene 2 meses.

Me quedo con esta ciudad a ojos cerrados porque me siento como en casa.

Escuchando “Cars” de Gary Numan, me despido hasta la próxima!

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