Cómo empacar la mochila para un año

Lo primero que tienes que saber es que vas a tener que comprar ropa nueva sí o sí. No es porque te baje la tentación o porque todos seamos adictas a las compras, la razón es aún más sencilla: la ropa se hecha a perder (excepto esas prendas de alta tecnología que compras en tiendas outdoor y que tienen garantía de por vida). Esos jeans que tanto te gustan se terminan rajando, las camisas terminan viéndose a través y la ropa interior se deshilacha. Si consideras este punto tan importante, hacer tu mochila será muy sencillo porque tendrás especial cuidado en llevar lo más nuevo o lo que tengas de mejor calidad.

Aquí les dejo 3 consejos que apliqué cuando me fui de Chile en 2016 (sigo viviendo en el extranjero) y que aplico cada vez que viajo por largos períodos:

  1. Sé práctica: Antes de irme a Canadá, empaqué un 80% de prendas para invierno y solo un 20% para verano, las temperaturas por en Toronto bordeaban los -20 grados de sensación térmica y no podía usar el limitado espacio que tenía (solo 23 kilos en cabina de avión) con vestidos de verano. Me traje una sola chaqueta que me servía para esa temperatura, primeras capas, 3 pantalones largos y 4 chalecos. Estando allá, cambié algunas de mis prendas en la ropa usada por ropa de media temporada cuando las temperaturas comenzaron a subir, así mi ropero no crecería tanto para cuando decidiera irme nuevamente y para no seguir añadiendo basura al planeta (sí, la ropa se transforma en basura a menos que la recicles). Cuando me fui de Canadá con destino a India y Tailandia, usé la misma lógica: como no pude cambiar mis prendas y porque considero que ya tengo suficiente, regalé la mayoría de mi ropa de invierno a mis amigas en Canadá porque me iba a zonas menos extremas donde las temperaturas variarán entre los 5 y los 30 grados.
  2. Separa en bolsas de cierre hermético (o de plástico): luego de años luchando con las mochilas, armando y desarmando cada vez que llegaba a un destino, haciendo Tetris cada vez que tenía que partir y sudando en frío en los aeropuertos donde te hacen desarmar todo, una amiga me dio una tremenda idea: usar bolsas de cierre hermético de plástico (para ver qué hay dentro). Ahora separo todo y ya no tengo que bucear en ese mar oscuro de prendas/zapatillas/loquesea: todas las blusas en una bolsa, todos los vestidos en otra bolsa, toda la ropa deportiva en otra bolsa, todas las poleras en otra bolsa, y así sucesivamente. Dejo los polerones y chalecos a mano en caso de tener que sacarlos rápidamente cuando llego a una zona con un clima bipolar.
  3. Ten en mente lo que es realmente importante: piensa que todo lo que tiene adherencia en el tiempo no es material. Cuando viajas, estás invirtiendo el tiempo en experiencia y más sabiduría, inviertes en nuevos amigos, en viejos amigos a los que vas a visitar, inviertes en amor propio, inviertes en tu cuerpo y espíritu, inviertes en memoria y recuerdos. Si tienes ese sencillo concepto en mente, deshacerte de cosas o regalarlas a personas que consideras que las van a necesitar más que tú será muy fácil (o, al menos, no tan complicado).

Dejo este post con el tema “Sweet Dreams“.

*La foto es de mi viaje a la Patagonia chilena en 2016, la mochila me quedaba un poco grande así que terminé adquiriendo otra más pequeña (me asesoré en la tienda MEC en Toronto).

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