Jodhpur y Udaipur: pequeñas y agraciadas

Ya les había comentado un poco sobre algunas ciudades que me parecieron aún mejores que las del Triángulo de Oro en India y que quedan no muy alejadas de ese circuito: me refiero a Jodhpur y Udaipur, ambas en la región del Rajasthan.

Cuando hicimos nuestro viaje teníamos una idea de los lugares a los que queríamos ir: Jodhpur estaba sí o sí en el circuito pero Udaipur simplemente salió de la nada porque teníamos que hacer algo de tiempo en alguna ciudad antes de partir a Jaipur donde estaríamos un poco menos de una semana.

Elegí Jodhpur porque había visto varias fotos en donde se hablaba de la ciudad azulada en medio del desierto de Rajasthan y estaba muy ilusionada con conocer esta parte del planeta. Lo de “ciudad azul” no es del todo real porque, aparte del centro histórico, el resto yo diría que no lleva nada del color prometido, sin embargo, a pesar de ese pequeño detalle Jodhpur me gustó por dos motivos: primero, porque la ciudad antigua se siente compacta entonces perderse entre sus calles se convierte en toda una experiencia para ver cómo es la vida de quienes residen ahí. En segundo lugar porque comparado con las ciudades grandes en India el ruido de las bocinas en Jodhpur es bastante menor (aunque no es nulo).

Udaipur, como mencioné unos párrafos más arriba, salió de la nada. La idea inicial era ir a Jaisalmer pero no teníamos tanto tiempo para ir y luego volver a Jaipur en  la fecha que teníamos prevista.  Me gustó por los mismos dos motivos que Jodhpur y, además, porque hay hartas actividades entretenidas para hacer dentro de la misma ciudad como conocer el City Palace, visitar el Templo de Jagdish, ir a ver las obras de teatro en el Bagore Ki Haveli Museum que se realizan todos los días en la tarde y pasear por los distintos Ghats a lo largo del río. Por otro lado, es posible encontrar una alta variedad de comidas a excelentes precios que no superan los 3 dólares por persona en un buen restaurante (como en todo India, es muy barato comer y obviamente puedes hacerla aún más barata).

La vibra en ambas ciudades es parecida: tranquilas a pesar del bullicio y del sonido constante de las bocinas (insisto, es menor que en las grandes ciudades), sus personas son amistosas y la comida es excelente (mi favorita en todo caso es la de Rishikesh, ya les contaré en mejor detalle sobre ese lugar). Si deciden hacer el Triángulo de Oro por esas casualidades de la vida -absolutamente comprensible si quieres conocer el Taj Mahal-, no te quedes en la capital y usa esos días para ir a una de estas dos ciudades. Es un casi seguro “no te vas a arrepentir”.

Escuchando algo nuevo para mis oídos (y que me ha gustado mucho), “Eres” de Camilo Séptimo, los dejo hasta el próximo post.

 

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