Perú: locuras de antaño y usted no lo haga

Empecé a viajar hace más de 14 años. Antes de mis 20, nunca salí de la zona central de Chile y sólo conocía Mendoza en Argentina. Estoy consciente de los esfuerzos sobrehumanos que mis papás tuvieron que hacer para sacarnos (a mí y a mis 4 hermanos) todos los veranos de Santiago, nuestra ciudad natal. Soñaba con irme a zonas remotas, conocer África e India (que ya lo hice). Los sueños van evolucionando a medida que vas cruzando esas bayas y vas cumpliendo metas que antes veías casi imposibles.

La primera vez que me fui lejos (más de 500 kilómetros desde Santiago, mi ciudad natal) fue en un viaje a Perú. Me fui con cerca de $100 mil pesos chilenos (al cambio de hoy, aproximadamente $110 dólares americanos), así que con suerte me alcanzó para alojamiento y comida, ni hablar de volver en bus porque ni para eso me alcanzó. Pero conocí lugares que en Chile jamás hubiese visto, las ciudades de Arequipa y Cusco me quedaron para siempre grabadas y años después volví. Seguían igual de imponentes y hermosas.

A mi regreso de Perú, no tenía como volver a mi casa. Estaba a más de 2,000 kilómetros de distancia con cerca de $20 USD en mi bolsillo y que más tarde utilicé en comida. Un camionero buena onda me llevó desde Arica (la ciudad fronteriza en Chile) hasta Iquique (aproximadamente unos 350 km al sur, yendo en dirección a Santiago), en un lapso de casi 10 horas porque el camión iba cargado. En Iquique no logré conseguir otro camión que me quisiera llevar a Santiago (a unos 1,800 km al sur) en un par de días, así que dormí en un camión abandonado a la salida de una parada de camioneros donde ellos descansan y comen. Encima de todo eso, me enfermé. Bien feo. No me había dado cuenta hasta que llegué a Santiago y me enteré de que estaba con una infección, se llama Pielonefritis. Estuve días delirando en cama, hablaba con mi hermana entre sueños y pesadillas, y le decía que mi nombre era Gollum. sí, como en El Señor de los Anillos.

Tengo varias historias de ese calibre bajo la manga, de mis primeros viajes y de viajes que vinieron con el tiempo. Es de esos locos viajes de donde salen los aprendizajes y terminas por conocerte muy bien.

Ya les contaré la historia de los babuinos comiéndose mi comida, mientras hacía una fila de más de 10 horas en el borde con Sudáfrica porque no me dejaron entrar a Zimbabwe.

La foto la tomé en mi segundo viaje a Perú (que hice en 2013).

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