De cómo al viajar, logré re-escribir mi propia historia

Mucho se habla de porqué viajar hace tan bien para el alma. Es más, mi proyecto para un ramo del máster en marketing fue sobre un servicio de viajes (un poco más sofisticado y con un segmento de personas sumamente definido), fue así como me enteré que viajar ayuda incluso a personas con depresión y ansiedad clínicamente diagnosticados.

Con los años de viaje, me di cuenta de algo que me entrega conocer lugares nuevos y que no me lo da absolutamente nada más. Nada material puede reemplazar un simple hecho: que al viajar, estás volviendo a escribir una historia, la tuya. Ya sea porque te rompieron el corazón, o tienes una familia tóxica (la de sangre, no la que eliges), o ya sea porque tu círculo de amistades se reduce a un cúmulo de personas superfluas. Cuando viajas, creas nuevas historias para ti.

Me di cuenta de esto cuando estuve en Kenia en 2011. Fue uno de esos momentos “ahá! Esto es”, cuando me invadió un sentimiento de completa gratitud por estar ahí, a pesar de todo pronóstico. “Esta es tu historia y nadie te la puede quitar”. Ni un corazón roto por lo que pudo ser y no fue.

Desde entonces, mi solución siempre cuando estoy pasando por momentos de completa incertidumbre, es viajar, aunque sea a una playa a pocos kilómetros de donde esté. Porque viajar bajo mis propias condiciones es lo único que me queda de cierto, en un mundo donde el control es una ilusión.

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